Dolor en las relaciones sexuales: dispareunia, vaginismo y suelo pélvico

8 Sep, 2026 | Blog

Comprendiendo las causas y abordajes de estas condiciones íntimas femeninas

Cuando el dolor al tener relaciones se ha normalizado demasiado

El dolor en las relaciones sexuales es mucho más frecuente de lo que parece, pero una cosa es que pase a menudo y otra muy distinta es que sea normal. Y aquí conviene insistir mucho: no, no se tiene que sufrir dolor al tener relaciones. Se ha normalizado demasiado aguantar, callarse, pensar que ya se pasará o que forma parte de la penetración, y eso hace que muchas personas lleguen tarde a pedir ayuda.

También pasa mucho que el malestar se minimiza dentro de la pareja. A veces aparece en forma de ardor, otras como pinchazo, tensión, bloqueo o dolor después. Incluso hay búsquedas muy repetidas como «a mi

pareja le duele cuando tenemos relaciones» o «me duele cuando tenemos relaciones», y detrás de esas frases suele haber preocupación, dudas y bastante frustración. Lo importante es entender que el dolor no es un peaje para tener una vida sexual.

Qué son la dispareunia, el vaginismo y la hipertonía del suelo pélvico

La dispareunia es, de forma sencilla, el dolor al tener relaciones sexuales. Ese dolor puede aparecer antes, durante o después, y puede sentirse como ardor, escozor, pinchazo o molestia profunda. Cuando alguien se pregunta a qué se debe el dolor al tener relaciones sexuales o a qué se debe el ardor al tener relaciones sexuales, muchas veces está intentando poner nombre a algo que lleva tiempo viviendo sin entender bien.

El vaginismo tiene más que ver con una dificultad o imposibilidad para la penetración por una respuesta involuntaria de la musculatura y del cuerpo en general. No es que la persona no quiera relajarse, ni que lo esté haciendo mal. Hay una respuesta de protección real. Y la hipertonía del suelo pélvico aparece cuando esa musculatura está con un exceso de tensión, como si estuviera siempre en alerta. Esa tensión mantenida puede estar detrás de la dispareunia, del dolor después de tener relaciones y de muchas sensaciones de cierre, presión o ardor.

Más allá de la penetración: sexualidad, límites y bienestar

Es importante decirlo claro: una relación sexual no es solo penetración. Hay toda una parte de deseo, intimidad, juego, contacto, preliminares, comunicación y placer que también forma parte de una buena salud sexual. Reducirlo todo a si hay o no penetración hace mucho daño, sobre todo cuando esa penetración duele.

Además, la penetración no es una obligación. No hay que aguantar dolor para cumplir, para no decepcionar o para que la relación funcione. Poner límites, parar, cambiar, explorar otras formas de sexualidad o decidir que hoy no apetece también es salud sexual. Y muchas veces, cuando se quita esa presión, el cuerpo deja de vivir el encuentro como una amenaza constante.

A qué se debe el dolor al tener relaciones sexuales

No hay una única causa, y por eso no conviene simplificar. Cuando alguien pregunta a qué se debe el dolor después de tener relaciones o por qué aparece ese ardor durante la penetración, la respuesta suele ser que hay varios factores que pueden mezclarse. Puede haber tensión muscular, hipertonía del suelo pélvico, miedo al dolor, anticipación, experiencias previas difíciles, falta de lubricación o una respuesta de defensa del cuerpo que se ha ido instaurando.

Muchas veces el problema no está solo en una estructura concreta, sino en cómo está respondiendo todo el sistema. Si el cuerpo espera dolor, se protege. Si se protege, aumenta la tensión. Y si aumenta la tensión, la

penetración o incluso el simple intento puede doler más. Por eso es tan importante no quedarse solo con la idea de que todo está en la cabeza o, al revés, que todo es puramente físico. Normalmente hay que mirar el conjunto.

Cómo se aborda desde la fisioterapia de suelo pélvico

Desde la fisioterapia de suelo pélvico el abordaje no va de forzar, ni de ir demasiado rápido, ni de centrarse solo en la penetración como objetivo final. Va de valorar qué está pasando, escuchar muy bien a la persona, entender cómo es ese dolor al tener relaciones, cuándo aparece, qué lo empeora, qué miedo genera y cómo está respondiendo la musculatura del suelo pélvico.

A partir de ahí se plantea un proceso progresivo, adaptado y respetuoso. No todas las personas están en el mismo punto ni necesitan lo mismo. Hay quien necesita primero entender qué le pasa, bajar la alerta del cuerpo y recuperar sensación de seguridad. Y hay quien puede avanzar antes hacia trabajo más específico sobre la musculatura. El ritmo lo marca siempre la persona y sus límites.

Escucha, respeto y tratamiento sin forzar

Esto es básico. El tratamiento tiene que hacerse siempre desde la escucha y el respeto. Respetando el dolor, respetando los límites que ponga la paciente y respetando también las fases que en cada momento se puedan trabajar. No sirve de nada invadir, insistir o empujar al cuerpo a hacer algo para lo que todavía no se siente preparado, porque eso puede aumentar todavía más la defensa y la tensión.

Qué tipo de tratamientos pueden formar parte del proceso

Dentro del proceso pueden formar parte la educación sobre qué está pasando, el trabajo de conciencia corporal, técnicas para ayudar a relajar y regular la musculatura del suelo pélvico, terapia manual cuando la persona lo tolera, ejercicios respiratorios, trabajo progresivo para disminuir la hipertonía y herramientas para ir recuperando seguridad. Todo esto se adapta mucho al caso, porque no es lo mismo una dispareunia con mucho ardor que un vaginismo con bloqueo claro a la penetración.

La importancia del trabajo multidisciplinar

En muchos casos, el trabajo no debería hacerse en solitario. Hace falta un abordaje multidisciplinar con psicología y sexología, y a veces también terapia de pareja. No porque el dolor sea imaginario, sino precisamente porque afecta al cuerpo, a la vivencia emocional, a la relación con una misma persona y muchas veces también al vínculo de pareja. Si solo se trata una parte, el proceso puede quedarse corto.

Cuando se trabaja en equipo suele ser más fácil dejar de normalizar el dolor relaciones sexuales, entender qué mantiene el problema y acompañar mejor a la persona. El objetivo no es obligar a que haya penetración

cuanto antes, sino recuperar bienestar, seguridad y una vivencia sexual sin dolor ni imposiciones. Porque soportar dolor no es una obligación, y pedir ayuda cuando algo duele tampoco debería costar tanto.